¿Por qué cambian las relaciones cuando nos casamos, donde quedo el amor eterno que nos prometimos?

Consultando a novias por los temores de casarse, llamo mucho mi atención que uno de los miedos o temores era el después de la boda cuando uno regresa a la vida real.

Es por eso que sale este articulo espero que ayude un poco.

¿Por qué cambian las relaciones cuando nos casamos, donde quedo el amor eterno que nos prometimos?
Las cosas cambian porque idealizamos el amor y el matrimonio, lo vemos como un objetivo, una meta a la cual llegar, y si es una meta, pero no es como en los cuentos de hadas donde el príncipe y la princesa vivieron felices y comieron perdices.

El matrimonio es una etapa de adaptación, es solo el comienzo de una vida juntos, requiere de paciencia y adaptación cada uno viene con sus ideas, expectativas, con lo que piensa que debe ser, con su personalidad y los patrones de comportamiento y de relación que vio en su casa

Es en el momento donde la persona que nos casa dice “el novio, puede besar a la novia” donde debemos empezar y día a día trabajar por la relación de pareja.

Con todo esto cada uno llega a formar su pareja, son dos mundos distintos, dos seres que necesitan aprender a adaptarse, a hacer una vida juntos, a respetarse el uno al otro.

Un matrimonio debe ser sociedad, donde se tienen los mismos derechos y deberes, no una dictadura, donde uno decide absorber, o minimizar al otro.

Durante el noviazgo cada uno da su mejor cara, su mejor aspecto, escucha y es escuchado, apoya al otro y es apoyado, pero cuando la palabra mágica “matrimonio” llega.
Es como si nos hubiésemos olvidado de todo aquello que sembramos.

El matrimonio, es solo un cambio de estado, el principio de un porvenir juntos.

Es natural que ciertas fricciones se presenten, pero debemos
limar asperezas y no perder el respeto, construir por un futuro juntos, tener unos objetivos a los cuales debemos llegar.

Las cosas no se dan solas, para lograr armonía, estabilidad, debemos trabajar y luchar por ello.

No perder nuestra independencia, pero en el transcurso poder llegar de ser dos unidades, ser a una unidad, compenetrada.

De dos mitades, hacer una unidad, pero sin perder la identidad.
Sin olvidarnos de nosotros mismos en todo el proceso, respetar
y ser respetado, valorar y ser valorado, apoyar y ser apoyado.

No podemos llegar al “matrimonio” con la idea de que vamos a educar a nuestra pareja, porque él o ella ya han sido educados, ni tampoco con la idea de que vamos a cambiarle su personalidad o su modo de ser, porque él o ella ya tienen la suya.

Mirado de alguna otra manera es simple, ninguno es perfecto, todos tenemos nuestros defectos, pero cuando intentamos formar una relación de pareja tenemos que tener en cuenta si podremos convivir o no con los defectos de nuestra pareja
Por qué con las cosas buenas, con sus virtudes y habilidades, es en realidad, muy fácil hacerlo.

La vida de pareja está en nuestras manos, de nosotros depende hacer de nuestro hogar un lugar armónico y estable donde vivir, donde cada uno quiera llegar o un infierno del que cada uno quiere escapar, y donde ninguno de los dos encuentra satisfacciones para vivir, y seguir adelante.

¿Dónde quedo ese amor que se prometieron y juraron ante el altar?

No vale pues la pena, luchar por ello y seguir adelante.
Recuerda la solución está en tus manos, quien siembra cosecha.

No olvides que siempre hay como enamorar a tu pareja, 

Nuestra relación de pareja no tiene por qué ser un tormento o un lugar para la incomprensión o insatisfacción, todas estas situaciones pueden mejorar y podemos tener una relación de pareja estable y satisfactoria.  Buscar la solución correcta está siempre en nuestras manos a veces para lograrlo es importante una ayuda profesional o una orientación de pareja. Hoy en día tenemos la comodidad de recibirla en nuestro hogar o en nuestro sitio de trabajo, mejorando con nuestro bienestar y nuestra calidad de vida.

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